viernes, 12 de octubre de 2012

Cercanía

Al debutar en la maternidad, hace doce años atrás,
entre torbellinos de confusión y lluvia de alharacas.
Una de tantas, me puso a pensar: “Si lo cargas se va a mal acostumbrar”.

 ¡Les juro lo intenté!,
al ofrecerle mi florido manantial de leche,
a mi pequeña dormía sobre una almohadita,
y siguiendo al pie de la letra todos los consejos,
al final, les confieso, claudiqué…

A sus hebras de terciopelo,
a sus imantados aromas,
el vaivén de su boquita en flor,
a la ternura infinita de su calor
y a su diminuto cuerpecito que encajaba a la perfección con el mío…
¡Doy las gracias por haber desistido!

Ahora que adolescente está,
ahora que las sonrisas, los abrazos,
y las caricias se van espaciando hasta costar una eternidad…
Ahora que gira en su mundo vibrante y campante…

Mi consejo:
Dediquen aquél tiempo chispeante,
aquél tiempo fugaz, que se esfuma en instantes,
aquél tiempo en el que sus capullos les pertenecen en grande.
A inundarlos al máximo de Cobijo, Cuerpo y Regazo…

Saray Delgado



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