Al debutar en la maternidad, hace doce años atrás,
¡Les juro lo intenté!,
entre torbellinos de confusión y lluvia de alharacas.
Una de tantas, me puso a pensar: “Si lo cargas se va a mal
acostumbrar”.
¡Les juro lo intenté!,
a mi pequeña dormía sobre una almohadita,
y siguiendo al pie de la letra todos los consejos,
al final, les confieso, claudiqué…
A sus hebras de terciopelo,
a sus imantados aromas,
a sus imantados aromas,
el vaivén de su boquita en flor,
a la ternura infinita de su calor
a la ternura infinita de su calor
y a su diminuto cuerpecito que encajaba a la perfección con el mío…
¡Doy las gracias por haber desistido!
Ahora que adolescente está,
ahora que las sonrisas, los abrazos,
y las caricias se van espaciando hasta costar una eternidad…
Ahora que gira en su mundo vibrante y campante…
Mi consejo:
Dediquen aquél tiempo chispeante,
aquél tiempo fugaz, que se esfuma en instantes,
aquél tiempo en el que sus capullos les pertenecen en
grande.
A inundarlos al máximo de Cobijo, Cuerpo y Regazo…
Saray Delgado